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Las fotos a continuación relatan una historia de incesto, provocada por la niña mimada de papá. Una niña pija que siempre ha tenido lo que ha querido, en todo momento y a toda hora. Al otro lado está su pobre padre, que nunca ha sabido decirle que no a nada, ni siquiera al incesto y el sexo duro que ella le obliga a practicar. Al principio a él le resultada desagradable follarse el chochito de su propia hija, pero pronto se empezó a acostumbrar. Y a sentir un nuevo nivel de placer, con las mamadas de su hija. ¿Quién le habría enseñado a chupar un rabo de ese modo? Estaba claro que su madre no, desde luego. El caso es que el padre se convirtió en el esclavo sexual de la hija, y cada vez que la madre se iba de casa por unas horas, el sexo duro con olor a incesto impregnaba todos los rincones de la casa. Además, ella sabía que su padre tenía una debilidad con ella: su traje de bailarina le volvía loco, a raíz de que ella hubiese sido una de las mejores bailarinas del país cuando era más pequeña. Eso podía con el atormentado padre. Ya no había barreras para el incesto. De pronto que ella fuera una de esas jovencitas que follan con mayores como él ya no importaba. Se veía poseído por la lujuria y sentía la necesidad de meter mano bajo el tutú de su hija, sentir su coño húmedo y sacarse la polla para que su hija se la comiera. El traje de bailarina destapaba el animal que llevaba dentro. Y estas fotos de incesto dan buena cuenta de ello.

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